domingo, 30 de octubre de 2016

De fuera vendrán, los que de casa te sacarán.


De fuera vendrán, los que de casa te sacarán.
Por decisión del Gobierno de Aragón, un francés, un suizo y un asturiano, serán los encargados de autentificar el grafismo de la lengua aragonesa. Por descontado, no dudamos de la capacidad que como filólogos puedan atesorar, pero dejando de lado el coste económico – nadie trabaja gratis -, no entendemos ese afán de rizar el rizo. Lo que se pone en evidencia es la auténtica sopa de letras que existe en torno al aragonés, que nadie ha sido capaz de ordenar, y que por aquello de a río revuelto, ganancia de pescadores, algunos están intentando arrimar el ascua a su sardina.
Hay textos de Pedro II, rey de Aragón y Conde de Barcelona a los oscenses, datados en los albores del siglo XII redactados en aragonés, y con anterioridad los Fueros de Jaca ya lo estaban. Es sabido y constatado, que con la invasión romana, en toda la ribera del río Ebro, desde Navarra hasta Cataluña, introdujeron el latín, que con influencias occitanas, pasó a ser el aragonés, propiciado ello por la pérdida de protagonismo de los romanos en la zona. A posteriori, esta lengua se fue desplazando hacia oriente, a consecuencia de la expansión del castellano, auspiciado por la unión de los Reinos de Castilla y Aragón, tras el matrimonio de Isabel I y nuestro Fernando II, tan denostado este por algunos de nuestros políticos actuales, que no dudan en embadurnarse de un supuesto aragonesismo, cuando la ocasión así lo requiere. Así pues, la procedencia del aragonés, está clara.
Sería más sencillo y por supuesto económico, consultar a asociaciones ubicadas en todo Aragón Oriental - jamás la Franja -, o en nuestros valles pirenaicos, que incluso publican libros en aragonés, y que han procurado y se han preocupado en cuidar y vigilar el vocabulario y el grafismo de su lengua materna, a lo largo de muchos años y por supuesto, sin olvidar a los filólogos autóctonos.


Fdo. Luis Miguel Lopez