De fuera vendrán, los que
de casa te sacarán.
Por
decisión del Gobierno de Aragón, un francés, un suizo y un
asturiano, serán los encargados de autentificar el grafismo de la
lengua aragonesa. Por descontado, no dudamos de la capacidad que como
filólogos puedan atesorar, pero dejando de lado el coste económico
– nadie trabaja gratis -, no entendemos ese afán de rizar el rizo.
Lo que se pone en evidencia es la auténtica sopa de letras que
existe en torno al aragonés, que nadie ha sido capaz de ordenar, y
que por aquello de a río revuelto, ganancia de pescadores, algunos
están intentando arrimar el ascua a su sardina.
Hay
textos de Pedro II, rey de Aragón y Conde de Barcelona a los
oscenses, datados en los albores del siglo XII redactados en
aragonés, y con anterioridad los Fueros de Jaca ya lo estaban. Es
sabido y constatado, que con la invasión romana, en toda la ribera
del río Ebro, desde Navarra hasta Cataluña, introdujeron el latín,
que con influencias occitanas, pasó a ser el aragonés, propiciado
ello por la pérdida de protagonismo de los romanos en la zona. A
posteriori, esta lengua se fue desplazando hacia oriente, a
consecuencia de la expansión del castellano, auspiciado por la
unión de los Reinos de Castilla y Aragón, tras el matrimonio de
Isabel I y nuestro Fernando II, tan denostado este por algunos de
nuestros políticos actuales, que no dudan en embadurnarse de un
supuesto aragonesismo, cuando la ocasión así lo requiere. Así
pues, la procedencia del aragonés, está clara.
Sería
más sencillo y por supuesto económico, consultar a asociaciones
ubicadas en todo Aragón Oriental - jamás la Franja -, o en
nuestros valles pirenaicos, que incluso publican libros en aragonés,
y que han procurado y se han preocupado en cuidar y vigilar el
vocabulario y el grafismo de su lengua materna, a lo largo de muchos
años y por supuesto, sin olvidar a los filólogos autóctonos.
Fdo.
Luis Miguel Lopez
No hay comentarios:
Publicar un comentario